Los pensamientos no se originan en la materia física del cerebro. El cerebro es meramente una estación de radio que transmite pensamientos a la mente racional.

Pero entonces… ¿de dónde procede la transmisión?

En realidad, existen dos fuentes distintas: la fuerza de la Luz (unidad) y la fuerza de la oscuridad (dualidad). Son como dos estaciones independientes de radio que transmiten durante las veinticuatro horas del día.

El problema real radica en que la fuerza oscura del ego (dualidad vía el dialogo interno) tiene el control sobre las ondas de radio de nuestra mente. Durante todo el día, los siete días de la semana y a todo volumen, los pensamientos negativos y egocéntricos dominan nuestra conciencia. Esta fuerza de la oscuridad es la fuente de todos nuestros miedos y nuestras dudas. Comparativamente, los pensamientos que nos llegan procedentes de la Luz son escasamente perceptibles. Sólo cuando logramos silenciar nuestra mente dejando así de sintonizar la señal emitida por la fuerza de la oscuridad somos capaces de escuchar los tenues sonidos de nuestra alma.

Los pensamientos más recurrentes incluyen la incertidumbre, la preocupación constante, el temor y el miedo, hasta el punto en que llega a dominarnos la ansiedad. Los pensamientos negativos también incluyen aquellas cosas terribles que pensamos sobre otras personas cuando nos ofenden, así como los duros juicios que emitimos sobre los demás cuando los envidiamos.

El comportamiento obsesivo-compulsivo también empieza con ideas negativas incontrolables. Desconectar nuestros procesos mentales negativos  con el silencio y la atención, libera la mente y frena automáticamente nuestro comportamiento obsesivo.

Cuando nuestros corazones se vuelven abiertos y cálidos, sellamos estas aperturas de una vez por todas.

Al practicar la presencia a ti mismo creas un espacio por el que un suave resplandor de Luz inundará tu corazón.

Menchu

29/10/2019