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Vivimos un tiempo de cambios múltiples, continuos y en casi todos los ámbitos de nuestra vida. Necesitamos conocer su naturaleza para poder enfocarlos y extraer los beneficios, ese lado positivo que todos tienen.

Cuando afrontamos un cambio nuestra experiencia se realiza en dos niveles a la vez, porque todo cambio es doble.

Cambio vs. transición

Por una parte tenemos el cambio, éste es exterior, concreto y objetivo. Es medible en el tiempo y da relieve a nuestras vidas.

Por otra tenemos lo que llamamos transición, es decir, el tiempo que necesitamos para adaptarnos emocionalmente a la nueva situación y acostumbrarnos interiormente, incluso creando nuevos circuitos neuronales.

Como aceptar un cambio sin sufrir

En la transición (la adaptación emocional al cambio) podemos sentirnos estresados y confundidos.

El cambio se organiza, se planifica, es concreto y tiene fechas de realización. La transición no, ya que depende de nuestras emociones y sentimientos. ¿Cómo podemos prever el tiempo que nos llevará el hacernos a la idea y cambiar de costumbres?

A veces, años después, todavía añoramos aquello que dejamos atrás en su día. Si la transición tarda en hacerse, sufrimos más y si no se realiza completamente, sentimos cierta melancolía, echamos de menos el pasado en lugar de extraer sus beneficios. Todo esto nos impide vivir plenamente el presente.

Al vivir una transición atravesamos tres fases bien definidas.

Fases de la transición (el cambio emocional)

1) La primera consiste en un sentimiento de ruptura para con lo anterior, lo que conlleva siempre un sentimiento de pérdida de hábitos adquiridos. Hay que rehacer un nuevo equilibrio, un entorno conocido. Esta fase de duelo puede durar semanas, meses… Cuanto más nos forcemos en olvidar, en vez de aceptar la realidad que se presenta, más aumentará nuestra resistencia emocional y el sufrimiento consecuente.

2) Progresivamente, nos encaminamos a una segunda fase,  ésta se reconoce por un sentimiento de desorientación. En ese momento no nos encontramos bien ni con lo pasado, ni con la nueva situación. Todavía no estamos suficientemente situados. Es lo que llamamos la zona de incertidumbre.

A menudo, debido a su prolongación, podemos tener el sentimiento de efectuar una verdadera “travesía del desierto”. Aquí necesitamos clarificar, entender las causas y la finalidad de lo que vivimos y avanzar hacia nuevos objetivos. Cuanto más aceptemos este período de adaptación como algo necesario mejor pasamos a la siguiente fase.

3) En  la tercera etapa un nuevo sentido aparece, nos encontraremos a gusto con la nueva situación, nos fortalecemos entendiendo el sentido de ese cambio para nosotros y sus posibles beneficios de cualquier orden que éstos sean. Así, podremos mirar el futuro desde la confianza con un optimismo renovado.

Fases de la transición - Constelaciones Familiares

Fases de la transición (el cambio emocional ligado a todo cambio externo)

Ningún progreso o transformación que forzosamente implique cambios en nuestra vida puede tener éxito si no se tienen en cuenta estos dos aspectos a la vez: el cambio objetivo y la transición subjetiva. El tejido del cambio, mediante una planificación y gestión concreta organizada y bien dirigida.

El de la transición estará hecho de escucha de uno mismo, del reconocimiento y aceptación de las emociones como algo necesario, de comunicación con el entorno. Es aquí donde las Constelaciones pueden intervenir aclarando las dificultades vividas sin razón aparente.

Su enfoque sistémico es sumamente eficaz para aportar la información que confiere sentido para la nueva orientación  y significado a las acciones y experiencias vividas. También permite resolver problemas físicos, emocionales, mentales… revelar los enredos inconscientes y transformarlos en fuente de energía y de éxito.

La dificultad es que estamos mucho mejor preparados para dirigir el cambio, que representa acción externa.

Sin embargo, es la transición la que nos permite crecer y enriquecernos como humanos, la que confiere calidad a nuestras vidas.

Por consiguiente, nos hace falta aprender a tener éxito en los dos aspectos a la vez.

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